| "Nada podemos esperar sino de nosotros mismos" | SURda |
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26-04-2011 |
Un documento que obliga a la militancia a reflexionar.
Nadie en la izquierda uruguaya podrá decir que no tenía indicios, barruntos o sospechas. Dos por lo menos tomaron forma en libros ( “Jugando a las escondidas” de Alvaro Alfonso y “Cero a la izquierda” de Jorge Zabalza). Pero los indicios no quedan reducidos a esas dos obras, están también diseminados en artículos, entrevistas periodísticas, y libros generales que tratan sobre el periodo. El “goteo” fue-en parte- la consecuencia de esos misterios al seno de la interna del viejo MLN-T.
Las tesis de la “refundación nacional” (su expositor mas autorizado fue Eleuterio Fernández), la preocupación aventurada de sustituir el cuerpo social por el cuerpo militar, tesis tan peregrinas como las negociaciones con los militares “peruanistas” en el 72, eran un incremento constante de dislates teóricos. Al lado de una supuesta línea estratégica se acoplaban líneas tácticas contradictorias. Sin una diferenciación clara de los conceptos que siempre se manejaron al antojo y capricho del subjetivismo particular del Eleuterio y los que le llevaban el apunte en la interna. El fárrago verbal, de vaciedades, provocó en la militancia el rechazo. Se acumulaba –en algunos casos luego de largas prisiones- una masa tal de decepción, de amargura, el desengaño de sentirse burlado en sus convicciones más íntimas por aquellos en los que se confió ciegamente fue tal - que cientos sino miles- entendieron “bueno, hasta aquí llegamos”. Que los que han venido haciendo esto desde el 72 se hagan cargo porque son demasiados renunciamientos.
Para los irresponsables que entraron en todo esto a conciencia. Para Eleuterio Fernández, para “Pepe” Mujica, para el “picapedrero” Julio Marenales y para otros que sin esa responsabilidad los acompañaron parte del trecho –y son también cómplices- Zabalza incluido, el paso esta dado. A la vista estan los lodos en que terminaron aquellos primeros barros. Y no vale argumentar en Radio Carve (ni más ni menos!!!) “que por eso me bajé”. Es que ahora justificamos cualquier cosa? Seguimos siendo –con todas las que pasamos!!!- unos ingenuos incurables? Es tan sencilla la cosa?
La verdad, o la justa, es otra. Llegaron a esto porque se consideraban la “vanguardia” de los revolucionarios. Los mejores de todos, los insustituibles. Creian -y siguen creyendo- que los demás no “son nada”. Masa amorfa, incapaz de parir algo constructivo.La verdad escueta es que ellos “son algo” por el sacrificio de cientos, que siempre aportaron y fueron mil veces mas sufridos y modestos que ellos. Fueron ellos los que fueron generosamente a reclamar “Libertad a los presos por luchar”, fueron ellos y no los seguidores, alcahuetes y vivillos que vivian en el aparato y en todas las luchas durante los años de plomo, estaban pasivizados.
Hijos del aparatismo, creciendo con él, identificados con él, llevaron el concepto hasta su perversión final. En ella siguen. Tercos, ciegos y empecinados como “gallo picando tripas”.
No sintieron nunca la alegría sana de ver que en los nuevos compañeros que llegaban se encarnaba el ideal común de la Liberacion Nacional, y que los mismos debían cuidarse, prepararse y educarse para que la tarea se hiciera verdaderamente colectiva hasta convertirse en mayorías que establecieran la hegemonía necesaria para procesar el cambio social. No, para los aparatistas ni se entendía que el viejo 26 de Marzo como brazo de masas que debía reverberar, ni se entendió después, a la juventud que vino con la liberación del 85. Eran solo “una masa de maniobra” para decidirse a “jugar la carta política de masas” (el concepto es de Eleuterio Fernandez, nefasto entre los nefastos y observese el lenguaje de tahúr de feria).
En Uruguay –una mentira a ojos vistas- la guerra fue entre los tupamaros y los milicos. Cuantas veces hemos leído en la prensa esa mentira? Y sin que motivara una sola carta de protesta. Solo gente metida en pozos, aislados de la realidad durante años, podía llegar a estas deformaciones. A esa inaudita soberbia que linda con la estupidez. En esto se metieron solos, no los guió nadie, nadie los obligó a dar el mal paso. Eso explica porqué en las “máquinas” múltiples del 72, delataban colaboradores que les prestaban las viviendas y techos humildemente, cuando el aparato los dejaba sin los locales que ellos –con sus violaciones de las elementales reglas de la clandestinidad- quemaban. Crecieron porque en una coyuntura precisa, con sus acciones se ganaron confianza y respeto y de a miles la juventud pidió un lugar en filas de “la revolución”. Entonces se paso del “aparato mínimo” a la deformación aparatista. De yapa, podían encuadrar en estructuras verticales a miles, que obedecían órdenes sin chistar. A todos los que confiaron en ellos -y a través de sus delegados, los “procónsules” designados por el aparato como “responsables” (en realidad los mas sometidos y alcahuetes, mezclados con los pillos, que en todo proceso sobran)- los mandaron a la ruina y los traicionaron.
La guerra –deben decirlo los militantes tupamaros expresamente- no fue entre el MLN-T y las Fuerzas Armadas. La guerra se llevó adelante contra el pueblo todo, contra las organizaciones de izquierda, contra la estructura sindical, contra los nervios y tendones de aquel movimiento obrero que eran los delegados, militantes y activistas. Todo el pueblo crítico, con un cierto grado de organización y conciencia, fueron las víctimas. Todo lo que enfrentara los planes de re-estructuracion capitalista en ciernes. Porque el golpe –cuando se dio- fue porque agotadas las fuentes tradicionales de ganancia que permitían el reparto de migajas jugosas para abajo, con una rosca capitalista dedicada a la especulación bancaria desenfrenada fue quemando a los partidos políticos que reflejaban el sistema. Fue entonces que se decidieron a ir a golpear en las puertas de los cuarteles. Que gobernaron bajo Medidas Prontas de Seguridad, que llevaron adelante los estados de excepción, y finalmente –lo prolongaron hasta el último instante posible- le abrieron las puertas a los milicos. Despues decidieron salir –cuando el tiempo fuera propicio- enancados en los mismos a los que habían llamado para apagar el incendio social y la debacle económica que habían provocado. Esa es la doctrina Sanguinetti, la ha escrito así que se nos excusará de mayores acopios documentales de pruebas.
Hay algo más que debe quedar perfectamente claro. Pueden aceptar bases y dirigentes del MLN-T que hasta noviembre del 72 podemos hablar -una afirmación que tiene sus matices y bemoles-de un enfrentamiento entre nosotros y las fuerzas armadas. Pero la mayoría de las muertes, desapariciones, asesinatos de parturientas se realizó después. Sobre esas muertes no pueden negociar, intentar conversar, pergeñar acuerdos y papeles. No tienen derecho y no podían invocar representación alguna para esos desaguisados. Y no pueden argumentar siquiera que lo ignoraban. En 1989 lo sabían perfectamente bien.
Volvamos- sin embargo- al documento de marras. Una fracción del viejo MLN-T labró, discutio, casi llego a refrendar un acuerdo con…otra fracción -los golpistas entre los golpistas- de todo el Ejercito y el conjunto de las Fuerzas Armadas. Es decir dos marginales. De fuerzas sociales inexistentes. De representación inventada por ellos. Sin permiso alguno. Enanos que se creían atletas, salvadores e intérpretes. Sin tener que responder mas que ante si mismos. O sea, en resumen, la suma del desparpajo y la irresponsabilidad. Unos, los militares interesados en prorrogar a través de las Misiones militares en el extranjero las prerrogativas a las que estaban acostumbrados bajo la dictadura. Bajo este ángulo debe verse nuestra intervención en Haiti, sostenida y defendida a capa y espada por Eleuterio Fernández. Los otros –los dirigentes tupamaros involucrados- también a espaldas de sus bases, de sus congresos, de sus militantes, aspirando a ganarse gobernabilidad futura al costo de dejar el problema del Terrorismo de Estado y sus múltiples muertos al costado. Eran pocos –comparados con las cifras de Argentina o Chile- 177 detenidos desaparecidos y 116 asesinados políticos en un total de más de 6.000 presos políticos, y por eso tuviero la audacia –o la irresponsabilidad mayúscula- de fomentar la combinación.
Lo hicieron y al final, de alguna manera concientes de que era una enormidad lo que estaban tramando la dejaron por allí. Unos.
Nó, los otros, los que los habían inducido a dar el mal paso. Ellos bien concientes de los fines ulteriores a los que aspiraban guardaron los papeles y ahora, los difunden. Véase a nuestro presidente como lo que es, véase a la “mejor espada parlamenteria” Eleuterio Fernández (según la senadora Lucía “la tronca” Topolanski) como lo que es. Veáse a Julio Marenales como lo que es.
Véase y asóciese. Todo. La trama del video, la visita a Dalmao, la defensa de los asesinos de Berríos y custodios de Pinochet en Montevideo. Vease y asociese las trenzas que vienen de mas atrás, del 72. Vease, asociese y REFLEXIONEMOS.
Cada vez que han sido preguntados se han parapetado en una defensa que conocemos todos: no firmamos nada. Lo dice expresamente Marenales en su último libro. Y creían, porque a ellos les interesaba mantener ese secreto, que los otros, su contraparte, también lo harian. Se equivocaron. Los mariscales de la derrota, se equivocaron. Ahora dirán que todo son “bolazos”. Que las cosas salen de la…nada. Se encharcan solos e ignoran el viejo axioma criollo de que “No se salva el bagual, si dispara por la loma”.
Iban a conversar con algunos militares que no representaban a nadie, no se sabe porqué. Se grababan y tomaban actas no se sabe porqué. Se difunden aquellas –version autorizada o nó- y no se sabe porqué. Le ponen una calavera en la puerta a un diputados y deben ser bromas entre estudiantes de Medicina. Si les sobrará el tiempo a estos paladines de izquierda!!!... que no tienen tiempo para ir a conversar con Macarena Gelman, visitar a las organizaciones de familiares, tomarse unos mates con sus compañeros de prisión agrupados en Crysol.
Digamos también que a través de todos estos malos pasos su ciclo esta llegando a su fin. No es el final pero es el comienzo del final. Se iran en medio del descrédito que poco a poco –les faltan unas cuantas canalladas más- los alcanzará y tapará sus figuras por completo. Nadie los recordará mas que como unos advenadizos, fabricados por la Falsimedia nacional cuando les convino.
La lucha sin embargo continuara. En hombros de otros, lo venimos repitiendo desde hace tiempo en estas páginas. Y lo hacemos porque somos profundamente optimistas. Los pueblos erran y se equivocan. Los engañan y los manipulan. Pero aprenden.
Iran los nuevos combatientes afinando sus herramientas, iran las masas concientes aprendiendo a que hay jefes que traicionan y que deben asegurarse en los organismos contra sus manipulaciones. Una vieja izquierda –que en Uruguay llegó al gobierno- y se encarnó en este “progresismo” de cortas miras, desaparecerá pronto. Esta obligada a conceder un recambio. Y es a ese cambio y refundación donde debemos –en estos momentos aciagos- tender nuestras miras.
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