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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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17-04-2012

 

 

 


 

 

Las declaraciones de Maria Elia Topolansky.


 

SURda

Nuestra opinión

 

 

Saludar con atención y respeto las declaraciones de viejos militantes que se habían llamado al silencio. Celebrar que digan “lo suyo” es necesario. Pero que inmediatamente que esas declaraciones aparecen salgan –algunos- a enmendar la plana, a “intentar mejorar” lo dicho, e inclusive a corregir, supuestas o fabricadas limitaciones, nos parece un error y una falta de perspectiva. Maria Elia dice lo suyo, bienvenido y basta. Tienen sus declaraciones méritos innegables de ahora y de posiciones anteriores, y sabe, mucho mejor que otros, de lo que habla.

El viejo MLN-Tupamaros está muerto, definitivamente muerto, el asunto no se arregla con etimologías sobre la palabra Tupamaros, invocaciones a un super-tupamarismo estéril y solitario al estilo ganso-viudo-for-ever, o lo que quiso o no quiso Tupac Amaru. Agreguemos que lo mataron la inmensa mayoría de los viejos líderes históricos y lo mataron a conciencia . Si no se parte de esa constatación básica, claramente comprobable a partir de la liberación de los presos en 1985 seguiremos en un círculo vicioso que solo sirve para hacer perder el tiempo y, lo que es mucho peor , sembrando confusión entre las nuevas generaciones que no necesitan más seguir comulgando con las limitaciones de una parte de nuestra generación. Esas nuevas generaciones en las que se encara la lucha presente y la futura necesitan romper ataduras, pensar en las condiciones de su tiempo que no es el nuestro. Es lo primero.

Las bases tupamaras –es necesario señalarlo con énfasis- se dejaron robar la organización y no tuvieron la capacidad para enfrentar el proceso de una manera constructiva. No es un fenómeno nuevo, ni siquiera aislado en el caso de Uruguay (y se puede extender a otras partes del mundo). El fenómeno en parte –a nuestro entender- tiene que ver con una concepción de jerarquías intocables e inamovibles que es común a toda la izquierda uruguaya. Es por eso que partidos que ayer parecían formidables fuerzas hoy nos muestran, en Uruguay, el fraccionamiento y la división. Eran partidos, el viejo MLN-Tupamaros era un movimiento. Señalemóslo, porque denominarse de cierta manera señala una intencionalidad manifiesta desde el arranque, que no debe soslayarse. Si no volvemos a caer en las interpretaciones antojadizas de los antiguos líderes -y hoy prominente liquidadores- que le atribuyen a aquel movimiento inicial intenciones que nunca tuvo y con las que nunca hubieran reclutado militante alguno. Porque si el objetivo hubiera sido instalarse en el Parlamento, o reducir el programa “a un platito mas de guiso para mis negritos” nos hubiéramos quedado en nuestras casas sin molestarnos en salir a arriesgar la vida, sacrificar estudios, familia y otros sinsabores que acarrea la lucha por la emancipación social.

Raúl Sendic, la figura más representativa del viejo MLN-Tupamaros, no se detuvo en esas consideraciones, simplemente señaló durante la Noche Triste (1), que él “no había aprendido a ser revolucionario en el MLN-Tupamaros” . Levantó su Plan Contra la Pobreza e intentó crear organismos para canalizar lo que entendía necesario hacer en el Uruguay que iniciaba “la primavera democrática” que se abre en 1985.

Los que mataron al viejo MLN-Tupamaros -no es la primera vez que lo señalamos- lo mataron a conciencia. No les servía más, entre otras cosas, porque lo que en los momentos de auge previo a la derrota del periodo 72-73 había podido –en la interna- conjurarse con éxito, se había agotado y no era posible repetirlo. Tal fue el impacto y la magnitud de la derrota. En el proceso que nos llevó a la misma se había logrado ahogar todas las críticas internas, fueran estas colectivas o individuales. A los críticos no se les dejaba más espacio que las fracciones o, en el caso de individualidades, el apartamiento. Esas ironías que tiene Doña Clio, la Historia, es que uno de los más furibundos críticos de las fracciones, el Sr. Eleuterio Fernández, cuando el momento le llegó formó su actual fracción (el denominado CAP-L) sin remordimientos. Pero mientras tuvo un lugar en la dirección, mientras fuera él uno de los que decidía, era un perseguidor empecinado de cualquier crítico, y un hombre que ponía el grito en el cielo denunciando cualquier agrupamiento militante crítico. Eleuterio no descubrió, ahora, su egolatrismo, las vaciedades intelectuales, ni siquiera las sandeces capitulares que lo caracterizan, lo viene cultivando desde que se auto-proclamó uno de “las grandes mentes” o de “las vacas sagradas” como se les denominó por las bases que instuían - pero nada más que instuían - ya, todo esto, desde los lejanos tiempos de Punta Carretas. Hoy sabemos que era uno de los que definía a las bases como “el cascarriaje”.

Despojar a la organización como conjunto de militantes concientes agrupados de toda posibilidad crítica fue una cuestión perseguida con éxito a lo largo del proceso que finalmente descarriló en la derrota. Y bastaría simplemente hacer el recuento de los agrupamientos críticos para constatar que la organización carecía de mecanismos para solucionar las contradicciones entre sus propios militantes. La “microfracción” (Maria Elia, fue una de sus impulsoras) fue la protesta colectiva de muchos militantes que se consiguió con éxito silenciar y el artífice de aquella campaña fue el Sr. Eleuterio Fernández. Se denominó “microfracción” a lo que no lo era, justamente para imposibilitar la discusión racional , entre los militantes, de lo que sostenían aquellos compañeros. Después el asunto volvió a repetirse, una y otra vez. Los casos más conocidos son los de los denominados “renunciantes” y el “seis puntismo”. Mencionamos las más conocidas por todos, pero los que saben de lo que hablamos, saben también que no fueron las únicas . Hubo también múltiples casos de apartamientos personales.

De esa manera se fue afinando empíricamente en la perversión de silenciar las voces críticas, de no prestarles atención y de utilizar la vida clandestina y el accionar ( inclusive su pretexto ) para ahogar toda vida democrática. Cuando el Sr. Mauricio Rosencoff llegó a la dirección (el proceso de Almería - para los que saben de lo que hablamos- es explicito) esa corriente empírica y embrionaria de ahogar las discusiones recibió un impulso cardinal de un elemento proveniente –originariamente- de las filas del más representativo estalinismo criollo. Que a ese estalinista se le olvidara que el Partido Bolchevique realizó siempre sus congresos en medio de las represiones más salvajes del antiguo zarismo, que no pudiendo hacerse las reuniones en el país, sus delegados viajaran al exterior, se les olvidó concientemente. Lo importante era que no hubiera ni críticos, ni discusión interna que cuestionara a la dirección. Así se fue cimentando –poco a poco- lo que hoy Maria Elia llama el olvido del objetivo y su sustitución por “el método” (la lucha armada).

Ese proceso pudo ser efectivo hasta la derrota, pero después de la liberación del 85 – cuando el proceso se había multiplicado afuera (los “renunciantes”) y adentro del mismo penal (el “seis puntismo”) el proceso de unir a todos para discutir lo que había pasado no era más posible. Es entonces que se forma o se crea la troika que hasta la última elección presidencial funcionó efectivamente. La componían Marenales, Eleuterio Fernández y Jose Mujica. Parte del proceso de afianzamiento y consolidación de esa dirección es la campaña de la “locura” (que es declaración unilateral de incapacidad mental para conducir) de Raúl Sendic.

Con el fallecimiento del mismo, al trío se le hizo el campo orégano y pudieron pasar a fases superiores: la elevación de Eleuterio Fernández al papel de ideólogo e historiador del viejo MLN-Tupamaros, la división entre el MLN-Marenales para “atajar” por “la izquierda” y del MPP como lugar donde concretar la derechización y la búsqueda de acuerdo con la burguesía y con los aliados frentistas. Un aspecto central de la cuestión era la parte organizativa en la cual la izquierda (el MLN-Marenales) integraba la dirección orgánica del MPP. Desde esa cómoda posición que dá el tener el sartén por el mango, se podía después separar o provocar que se separaran el resto de los críticos. Y así se hizo.

Todo ese proceso, que llevó desde el 85 hasta el 2004 -casi 20 años de afinamiento y perfeccionamiento empírico del mecanismo- se realizó en medio de la total impotencia de las bases militantes. Estaban tan asentados los criterios del verticalismo aparatista que era imposible cuestionarlos en la interna (2).

En todo este pequeño drama de nuestro chiquero político, las bases tienen una responsabilidad en los sucesos que no puede silenciarse. Las “grandes mentes”, “las vacas sagradas” no se imponen porque sí. Necesitaban un sustrato, una cierta base social que se prestara al juego, una falta de capacidad intelectual que impidiera reaccionar, argumentar, escribir, refutar. Y una incapacidad manifiesta para unificarse, atendiendo a lo central, lo político. Esa pasividad colectiva - que al comienzo fue inducida desde la dirección misma- y que después critalizó y se solidificó en costumbre, aceptamiento y resignación- tienen la responsabilidad de los mismos militantes. Lograron imponerse porque los dejamos imponerse.

Inclusive esa carencia, limitación o, tara, se manifiesta, en la incapacidad para unificarse detrás de las pocas voces criticas, cada vez que estas han hecho escuchar su voz. Basta que un crítico haga escuchar su voz para que dentro de las mismas filas de los que son críticos se levanten voces discordantes . Parecería que nada les cae bien. Es cierto –quizás- que el 90% de los antiguos tupamaros hoy están “fuera de la organización” como señala Maria Elia. Pero también es cierto que fueron despojados de la misma, sin protesta, sin pataleo siquiera. Aún hoy esta pasividad es manifiesta, imposible de superarse por más intentos que –se diga- se hagan. Y esto no obedece a la casualidad, ni que los militantes hayan sido ganados por el fatalismo y la resignación. No reconocer –mas allá de las vicisitudes personales, enfermedades, fallecientos, etc- estas cuestiones, persistir como hace más de 20 años en la incapacidad para unificarse, definir puntos de acuerdo mínimos, y utilizar esos acuerdos para avanzar en la formación de una perspectiva política de masas es -nueva y paradojalmente- coincidir con los jefes que liquidaron concientemente al viejo MLN-Tupamaros.

Y es por eso, que el viejo MLN-Tupamaros está muerto. Y es por eso que las nuevas generaciones deben pasar al costado de ese cadáver político y forjar la nueva herramienta que apunte a la liberación y a la emancipación social de los explotados del Uruguay. El MLN-Tupamaros se creó para aportar a esa lucha colectiva. Como movimiento es decir parte de esa aspiración y no como partido dirigente. Y estamos seguros que habrá más de un viejo militante que se incorporará a la lucha que lleven adelante otros. Pero tengamos claro que el esfuerzo principal no nacerá de nosotros. Ese pasado, con todos los elementos de sacrificio personal que contiene, con todo su verdadero heroísmo, esta cegado. Y eso no tiene remedio.

 

•  El episodio de la Noche Triste, tiene lugar en el fondo del antiguo local de Cebollatí. En medio de una campaña en la que participaron no solo la vieja dirección histórica conocida (Marenales, el Sr. Eleuterio Fernandez, etc) sino también muchos otros que entonces se hacían eco de la “locura” del viejo dirigente y la propangadeaban como forma de arrebatarle predicamento entre las bases. A la reunión llegó Sendic acompañado de un puñado de leales y refutó las calumnias con palabras airadas. En la oportunidad además historió el pasado de algunos de esos dirigentes. Ese episodio del cual conocemos personalmente el testimonio de uno de sus participantes, es un episodio conocido y que ha sido rescatado en la biografía más completa de Raúl Sendic escrita hasta el momento, que es la de Samuel Blixén. Curiosamente todos los principales involucrados en el episodio (Marenales, Eleuterio Fernandez, Mauricio Rosencoff, Jose Mujica y otros) han silenciado cuidadosamente ese episodio al cual ni ellos ni los escritores de sus biografías les han dedicado nunca un examen detallado. Fueron ellos particularmente Marenales, Eleuterio Fernández y Jose Mujica los creadores y propagadores de la calumnia y son conocidos sus intentos de borrar todas las huellas de sus antiguas fechorías. Eleuterio Fernández el principal beneficiario e instigador de la campaña ( entonces , después perdió en la lucha interna) ha hecho un intento patético de “darle una salida” al tema ora invocando el acto del Francini, ora invocando conversaciones con un Raúl Sendic en Europa y enfermo, que daba autorización para que “lo usaran”. El vehículo periodístico de este tipo de revelaciones justificativas fue -como no podía ser de otra manera- el órgano periodístico de un mercenario como el Sr. Federico Fassano, en la columna que hasta hace poco (los jueves) le reservaba al personaje.

•  Decimos casi 20 años (lo cual es una aproximación) y decimos empirica, porque en el proceso más de uno de los que al principio fue aliado después de transformó a su vez en desplazado, en reprobo o, inclusive, también, en loco. Integran la lista variopinta antiguos militantes como Rosencoff (desplazado), Maneras Lluveras (del cual hay una dignísima carta de renuncia y es de los fundadores del viejo MLN-Tupamaros), Alba Antunes (referente de la primera hora), Ricardo Perdomo (combatiente ejemplar), y muchos otros más inclusive el referente más conocido actualmente que es el “Tambero” Zabalza. Curiosamente el autor del libro “Marenales” en un capítulo más que extraño de su libro , se dedica a criticar como “funcional” a cierto intelectual uruguayo que publico un libro sobre el MLN-Tupamaros donde las cartas de renuncia de varios militantes se hacen públicas (Alba Antunes y su compañero, Maneras LLuveras, Irma Leites y otros). Se es “funcional” cuando alguien se permite hacer público para los ciudadanos lo que para la “interna” es un secreto a voces que debe ser silenciado a toda costa. Vaciar el mar a balde es una tarea ímproba, pero el que se quiere afanar en “pelarse la frente” al cuete, esta en su elemento. Todos este tipo de escribas (hay que sumarles los de la vertiente Eleuterio Fernández) son también casi todos ellos personas que se han beneficiado en los municipios, o en el poder central de cargos bien renumerados. Desde esa seguridad dan rienda suelta “por encargo” a sus mamotretos bibliográficos con pretensiones.

 

 

 

 


 





 



 
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