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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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17-04-2011

 

 

 

 

La ley de caducidad y el alboroto del circo.

SURda

 

Nuestra opinión

Una burguesía timorata, dividida en partidos políticos (el blanco y el colorado) en cuyo seno varios de sus representantes golpearon a la puerta de los cuarteles e integraron después sus órganos de gobierno durante la dictadura perjeñó una ley de Caducidad, similar a las leyes que en otros países latinoamericanos del Cono Sur hicieron otros, en acuerdo con los militares. Obediencia Debida, Ley de Caducidad, teoría de los Dos Demonios integra la historia de sus devaneos, de su conducta errática, de su voluntad de compromiso que era en el fondo la disposición a anular la Democracia, cualquier Democracia en tanto la misma amenazara sus intereses o sus privilegios.

La historia democrática de la burguesía no existe. Es un mito. Para mantener el mito nuestras burguesías dependiente recurrirán a la ideología propia o a la ajena. Si viene del Imperio que los llevó a aceptar la teoría de la Seguridad Nacional, mejor. Y todos estos pasos previos –que fueron muchos- inclusive el envio de los oficiales a los cursos en los cuales se les formateó ideológicamente mejor. Despues todas aquellas canalladas hay que ocultarlas. Ni mencionarlas y el que lo haga se delatará como poco confiable en cualquier combinación futura. Las dictaduras funcionaron en America del Sur con un gran componente ideologico del fascismo español del Sr. Franco. Y aquel fascismo se adaptaba a la ideología que propugnaba el Imperio que era el titiritero que les daba cuerda, los impulsaba, los corrompía y los armaba.

Los políticos llamaron a los militares, estos a su vez desatados de sus ataduras hicieron valer sus valores que no eran ni democráticos, ni republicanos ni siquiera independientes. Aprendieron a torturar y torturaron. Les dijeron que violar podía tener su valor y violaron (hombres y mujeres). Les inculcaron que las sevicias pueden servir y las practicaron (hasta los alferezes que según Eleuterio Fernandez se “chupaban los mocos”). Les dijeron que el plantón servía y lo desarrollaron (con tronco sobre los hombros o con platillos cuarteleros hondos llenos de agua sobre los crucificados sin cruz). Les dijeron que la experiencia (la de Vietnam) demostraba que muchos jefes ante el castigo se ablandaban (y lo comprobaron). Así vino el tacho (un medio bidón cortado por la mitad), el submarino (en el tacho, en la pileta de agua de la azotea cuartelera y de apuro en un wáter). Al submarino se le agregó el teléfono (que era golpear los oídos fuertemente mientras la cabeza estaba bajo el agua para romper los tímpanos). Atar al detenido al tablón y apretarles los testículos mientras lo sumergían para obligarlo a tragar agua era también parte de la alegre parafernalia. Con la picana en la “parrilla” de una vieja cama y al vociferante sonido de una radio para ahogar los gritos de los detenidos se divertían muchos mientras golpeaban las manos. Aún hoy después de tantos años hay quienes el recuerdo de tantas infamias practicadas contra sus semejantes no los dejan dormir y se refugian en el alcohol. La practicaron todos los oficiales y después para envilecer a todos (y hacerlos sus cómplices silenciosos) a los clases y a los mismos soldados. Y a todo eso se suman las muertes, las desapariciones, los fusilamientos (y los simulacros de los mismos también).

Recientemente muerto el general Licandro lo recordó siempre. Fue de los que eligió no envilecerse. Fue de los que abominó de prácticas que sabía corrompían desde adentro a toda la institución militar. Y sabía aún más. Sabía que después es muy difícil volver a ser un hombre, un padre de familia cabal, un ciudadano que puede mirar a los ojos a otros: sus semejantes.

Todos los otros, que pretenden que eso se oculte, que no tengan que responder por sus crímenes, atropellos, sevicias, violaciones, son en realidad un manojo de seres cobardes. Y los mas destacados entre ellos son los oficiales. Saben perfectamente bien que tuvieron la posibilidad de negarse (y algunos de ellos lo hicieron) porque a la tortura no se pasó sin acuerdo y discusión al seno de las unidades. Pero hubo también aquellos que para ascender rápido, por ambición estaban dispuestos a practicarla. Otros la encontraron natural porque eran enfermos mentales que no habían sido detectados en las Escuelas de Oficiales y erradicados como debería haber correspondido.

Cuando tuvieron que abandonar el poder- después de haber hundido la economía nacional- pretendieron que no se les juzgara. Ni las torturas, ni las muertes, ni siquiera los robos vulgares y corrientes de las víctimas de las torturas primero y del erario publico después. Porque la pesadilla duró sus buenos 12 años. Y tuvieron tiempo para todo. Algunos después siguieron en la noria del delito y con los frutos del mismo pagaron la carrera de sus vástagos que hoy hasta los defienden. Saben bien que el padre es un criminal. Saben que hasta sus títulos están teñidos de sangre inocente y ajena.

La ley de Caducidad era el manto legal con que pretendían ocultar todo. Y la ley de Caducidad se llevó adelante por políticos que también eran sus cómplices pero que hoy nos inventan de que lo hicieron para fortalecer la transición democrática hechando un manto piadoso del olvido. El Sr. Sanguinetti, lo sigue repitiendo hasta el día de hoy, en cada ocasión que puede y hasta escribiendo libros.

Pero al lado de los militares, pujando por los mismo hay miles de civiles. Entre los políticos, entre los periodistas, entre los abogados, entre los médicos (que asesoraban en los cuarteles). Ese espectro civil abarca también a los sectores de la banca, de la industria y del agro. Todos tapados y enquistados. A la espera y al acecho. Se encargaron de decir en la prensa, los medios y la televisión que no hay que “tener ojos en la nuca”, que no hay que ser rencorosos. Son los mismos que están siempre en los actos que recuerdan el “genocidio” israelí, o la barbarie histórica de Rosas y su mazorca, pero en el caso uruguayo: silencio. Nadie les señala la extraña contradicción. Nadie los interroga sobre la extraña dicotomía que son humanistas cuando se trata de otros (y les conviene salir en la foto) pero cuando se trata de sus compatriotas rebeldes, simplemente hacen un gesto de prescindencia.

Lograron inclusive infiltrar a sus cómplices en el mismo Frente Amplio, actualmente gobernante. Y en la votación reciente del Senado, ayer nomás, mostraron su cara. El Sr. Saravia, el Sr. NIn Novoa, el Sr. Eleuterio Fernández. A este último que renunció a su banca después de haber sido el mejor abogado político de todos los criminales de uniforme, no le quedaba mas recurso que irse. A uno de sus cómplices que lo sucederá le habían dejado una calavera en la puerta de su casa, para recordarle compromisos.

La Falsimedia nacional (que aprende sus métodos de Falsimedia internacional) y los practica chapuceramente como corresponde a los cipayos del capitalismo dependiente, salió a hacer –micrófono en mano- la comedia. No enfocaron a las barras que en Parlamente festejaban ni a la gente que afuera lo hacia. Se explayaron en la jeremiada. Pobre Eleuterio Fernández!!!!! Y haciendo punta estaban el procer del Espectador y los cagatintas de “El Pais”. Mañana vendrá la jeremiada culta de los liberales (colorados) en “Busqueda” y su página de los lectores.

Se les cayó lo que defendieron durante largos 25 años de ocultar crímenes, mientras se llenaban la boca de Demo-kracia. El instante que tanto temían les llegó. Su complicidad con los verdugos de uniforme queda expuesta ante la ciudadanía que los vé como los pseudo demócratas (y falsos republicanos) que siempre fueron.Se les acabó la farsa.

A nosotros las víctimas, nos queda todavía un largo camino por delante. Hay que llevar a los Tribunales a los torturadores. Hay que acumular los testimonios que los identifique sin más vuelta. Hay que proseguir con las actividades de escracharlos en las puertas de los juzgados.

Deberán reconocer sus crímenes, deberán decir dónde están los desaparecidos. La de todos los que asesinaron vilmente. De todos los que “desaparecieron”. Para que la sociedad uruguaya entera tome conciencia definitivamente de todas las aberraciones que se cometieron por los que se llenan la boca con “el libre mercado”, la “democracia” y todas las paparruchas que declaman con los ojos en blanco cuando hacen teatro.En esa lucha estamos.

 

 

 

 
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