| "Nada podemos esperar sino de nosotros mismos" | SURda |
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04-06-2012 |
Entre bueyes…no hay cornadas!!!
Las bases electorales, los ciudadanos de a pie, esa parte de la sociedad civil que está por los cambios, no tiene nada que perder en la actual contienda, disputa, o mariscaleos enfebrecidos de la administración gubernamental o, de las disputas entre las cúpulas políticas.
Todos estos ninguneos, pullas, chicanas, y el resto del gesticulario gubernamental al uso, no nos afectan de manera alguna. Es entre ellos , disputas por un quítame allá esas pajas, o dame mi pedacito de la torta o, simplemente, no me saques el curro. Es necesario que lo entendamos así, y que esbozemos una sonrisa indulgente ante el espectáculo. A esto los llevaron a ellos , los jueguitos con los que irresponsablemente vienen jugando hace tiempo a vista y paciencia de las bases frenteamplistas, que todos estos caballeros consideran seres inertes, en la vidriera de la tienda, como maniquíes pasivos. A la parte que cuestiona, o que se atreve a manifestar críticas, señalar contradicciones, los atienden los funcionarios con la soberbia que tantas veces ha sido denunciada, sin que por ellos jerarcas y altos funcionarios cambien de actitud.
Prescindamos –tambien-del bombo y la manija, que dá la prensa de la derecha así como en la televisión y que a poco llegará también a la radio. Veremos allí más circo. Están en su juego que es ver si todo esto les sirva para remontar algunas cifras porcentuales en la intención de voto futuro con lo cual ir llenándose la boca. Tampoco la oposición burguesa tiene una alternativa creíble más allá del neoliberalismo a la violeta que proponen constantemente los Sanguinetti, los Batlle, el Pedro o, del otro lado los Lacalle, el Heber, el Penadés o el Posadas Belgrano. Todos ellos, fichitas de la derecha tradicional, defensores de la dependencia y pro-imperialistas desde la primera hora. Esa gente toma partido por el Sr. Astori, porque el Sr. Astori es la principal garantía de este neo-liberalismo con puntilla social que alienta el clientelismo político y la falta de movilización social. Si pudieran (por ahora no pueden) quitarían la puntilla social al proyecto, e inmediatamente después pasarían a la política de los “recortes”, el “ahorro” y el desmantelamiento de los presupuestos de la Enseñanza, la Salud Pública y la frenética búsqueda de recursos a través de la megaminería (con la eventual seguridad de las coimas de las multinacionales, a las que están acostumbrados).
En este marco, que se desarrolla la triste política nacional y sus actores principales. En ese sainete criollo de la miseria moral, a la sombra, agazapado, en las gateras, se encuentra el Sr. Tabaré Vázquez, para convertirse –a rio revuelto- en el “salvador nacional” el “contemporizador de conflictos” o cualquiera de los papeles bonapartistas a lo que lo tiene acostumbrado su soberbia de vieja data. Hombre repetitivo el Doctorcito, previsible como pocos.
Dicho esto, agreguemos –pocas pinceladas más, para complementar el espectáculo- que las declaraciones, dimes y diretes del Sr. Michelini, del perrito ladrador que es el “operador” Valenti, ni las declaraciones descolocadas de la Sr. Topolanski, juegan un papel importante. Son el trazo que dá color, realza un tono en detrimento de otro, y contribuye al quibebe de la política nacional.
Lo previsible en todo esto es que el Sr. Mujica retrocederá a su política tradicional del bamboleo. Posiblemente destituirá inmediatamente a Muslera –cabeza de turco, necesaria para calmar las aguas y llenarle el ojo a la “gilada” y todo seguirá como está. Ninguno esta dispuesto a rupturas serias porque saben que pierden el poder en las próximas elecciones. La tarea se la dejaran a otro y tiene por cometido complementar lo que no pudo realizar en su primer mandato y que no puede realizar tampoco el Sr. Astori expuesto como está a encarar la defensa de los cargos burocráticos de los personajes de sus coaliciones, sus clientes particulares. Esas defensas –que antes fue el Sr. Bengoa, recientemente procesado- ahora lo forma el ministro de Turismo y otro jerarca, con todos los momentos de desgaste que implican los enfrentamientos, apartándolo de la carrera presidencial en la que está interesado.
El inmenso esfuerzo popular de movilización y protesta masiva que precipitó al llano a la tiranía militar, conducido después políticamente por el Frente Amplio, se resquebraja a ojos vistas. Se impone más y más, repensar el país y repensar una alternativa política. Lo que hay, está en crisis y agotado . Asistimos a la crisis de una dirección política envejecida con todas las taras y los vicios que son inherentes a sus ancianidades. Pero antes de desaparecer definitivamente –como lo harán prontamente- dejan una cancha envenenada por los vicios que practicaron mientras contaron con la mística popular del “cambio”, de la “profundización” y el resto de las paparruchas “unitarias” de las que usaron y abusaron.
Su ciclo –observemos- se cierra con la crisis mundial. No han cambiado la matriz productiva tradicional que es fundamental para hablar de posibilidades de desarrollo. A lo más lo que pueden mostrar es el oropel del “crecimiento”. Como lo mostró España, en su momento, olvidándose que tras la especulación “del ladrillo” venía el desastre que contemplamos ahora: 24% de desocupación y la perspectiva de la bancarrota nacional. En Uruguay el sucedáneo fue la especulación con los precios de la tierra. Basta seguir los índices de precios de la hectárea para comprender el fenómeno. Acotemos algunas cifras para hacer más comprensivo el panorama: el 70% de la superficie forestada, 650.000 hectáreas, están en manos de multinacionales papeleras que además controlan la industrialización de la pulpa. El 50% de las áreas sembradas, 600.000 hectáreas, están también en manos de poderosos grupos transnacionales (rubros del arroz, la soja, el trigo). El 33% del territorio nacional, 6.4 millones de hectáreas se han comercializado aumentando la concentración agraria al mismo tiempo que también han aumentado los arriendos. El proyecto “progresista” en esencia es esto.
A la izquierda de esta línea dominante, orientada por Astori y Lorenzo, se encuentra el Sr. Mujica con sus alharacas y titubeos, en un juego permanentemente pendular que no altera, ni conmueve el curso principal. En el papel de campana disonante, pero sin decidirse nunca a movilizar a las bases del frente para decidir los aspectos centrales de las disputas. En Argentina, la Sra. Cristina de Kirchner ha hecho mucho más, movilizando a las bases juveniles y urbanas, arrinconando al radicalismo, y dividiendo al propio peronismo de sus alas más conciliadoras. Así gana los espacios políticos que antes le estaban cerrados: a fuerza de iniciativa gubernamental y movilización popular . Mujica, por contraste, siempre se ha negado a asumir un rol movilizador. Por consiguiente en todas las batallas que pretende dar, termina siempre reculando o derrotado. Así hará, nuevamente, ahora.
No es de esperar por lo tanto, más allá de las turbulencias superficiales, cambio alguno, ni atisbo, ni amenaza o posibilidad del mismo. Son disputas que no deben afectarnos, ni sembrar entre nosotros expectativa alguna. Lo del pueblo de a pie, lo de sus sectores militantes, no pasa por acá.
Se trata de aprovechar los elementos que se despliegan ante nuestros ojos, para comprender a cabalidad que en esta gente, en estos equipos no podemos seguir confiando. Ellos están atados por sus propias debilidades, condenados a marchar juntos y a pelearse constantemente por las rebatiñas del poder político, los cargos, los puestos y los salarios. Para nosotros no tienen políticas más de que los sigamos en los vericuetos electorales como convidados de piedra que de ninguna manera deben intervenir decisivamente. Ellos, los “representantes” se adjudican ese derecho. Dirimir en el “Palacio Salivativo” y, después de formidables combates verbales (que no pasan mas alla de lanzarse andanadas demagógicas) andar abrazándose, porque eso es lo “civilizado” que contiene la democracia representativa.
Nosotros en cambio, tenemos otra perspectiva. Se trata de aprender como ciudadanos a no ser manipulados por las estructuras, a aprender a desconfiar de ciertos líderes, de sus falsos discursos y de sus mentiras constantes. Se trata de exigir perentoriamente una renovación de elencos. Y fundamentalmente se trata de un programa de gobierno.
Hasta ahora –van ya dos administraciones- hemos sido manipulados por las cúpulas. Primero fue el Sr. Tabaré Vazquez, después fue el Sr. Mujica, que fingió que estaba a la izquierda y que dijo quería “profundizar”, porque “habían aprendido”. Ahora los mismos sectores quieren imponernos nuevamente a Tabaré Vazquez, o sea el derechazo final, que liquide cualquier iniciativa popular definitivamente. Entonces nos impondrán la versión de que no hay más camino que aceptar el capitalismo. Que esa es una situación que durará toda la vida. Que por tanto a lo único que podemos aspirar es a reformas. Ellos se van a encargar de hacer el capitalismo potable. Aunque para ello haya que ir a golpear a las puertas del imperialismo norteamericano para hacerle la guerra a la Argentina. Eso, es Tabaré Vazquez, el hombre que además de todo su pasado político reciente como presidente (la visita de Bush, el proyecto de TCL, la solicitud de intervención norteamericana en el conflicto con Argentina) es un hombre de confianza del FMI. Ese es el hombre que no está solo y se afila los dientes.
El tiempo futuro dirá si somos capaces de convocarnos para la tarea. Si nos sobrará o nos faltará el coraje, la visión y la firmeza, para revertir la situación y cambiar el rumbo de los acontecimientos.
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