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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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09-06-2009

 

Editorial 

 

El circo Ajica-Mustori (2)

 

SURda

"No viene ningún malón, no viene ninguna catástrofe, el bi-partidismo tradicional está roto, quebrado definitivamente por dos factores: la mala gestión de los políticos profesionales burgueses por un lado, y por otro el aumento de la conciencia popular".

 

Un nuevo capítulo del circo electoral uruguayo lo acaba de protagonizar el dúo político Ajica-Mustori. El uno se “enfermó” y el otro payaso se tiró al suelo.

El enfermo, (¿efecto retroactivo del “balde de agua” que le tiró un vecino, efecto sicosomático de las concentraciones donde su rival moviliza las masas que a él le faltan ) se repone de su orgullito herido y esta completamente fuera de peligro. Su rival, eligió para tirarse al suelo una de las compadradas habituales. En cierta concentración ciudadana habló de que si perdía las elecciones el Frente se venía el malón reaccionario. Y ni corto ni perezoso agregó una novedad histórico insólita que trasmitida por los autopistas cibernéticas todavía tiene escandalizada a la Academia de Historia Francesa y a los altos bonzos de la historia. En efecto el Sr. Mujica afirmó que a la Revolución Francesa la habían liquidado una alianza de los jacobinos y la derecha. La tirada contra los jacobinos, el ala izquierda de la revolución, fue un paso más en su renuncia a todo pasado sedicioso y una defensa del centro, que en la Convención francesa los contemporáneos habían bautizado como “el pantano”. Dejando de lado la barbaridad histórica que se practica ante pacíficos vecinos votantes para pintar cuadros aterradores si nuestros parlamentarios de 120.000 pesos al mes, se quedan sin sillón. Dejando de lado que la defensa del “pantano” francés se parece en mucho a una justificación del “cretinismo parlamentario” frentista que todos conocemos, la alusión primera, al “malón” que se venía, concitó las iras del candidato nacionalista que se repone con dos bastones de uno de los “tropezones de escalera” a lo que lo llevan continuamente sus profusas libaciones alcohólicas.

El Sr. Lacalle, señalo que si ganaba su partido no había que esperar ningún malón indígena de aquellos que antes aterrorizaban a los pacíficos ciudadanos de San Felipe y Santiago, en la vieja época colonial. Como el Sr. Lacalle es el candidato que todas las encuestas marcan como favorito en la parcialidad nacionalista y como el Partido Nacional es el rival más cercano al Frente, no le quedaba al candidato de la derecha blanca más que hacer oír su desagrado y protesta. Mujica el que quería campaña electoral no-violenta, sin insultos, se pisó el palito por esa costumbre inveterada en él de decir cualquier cosa.

En consecuencia –consigna El Espectador- salió a aclarar “malentendidos” que a la vista está eran “indirectas” bien directas.

Este cuadro es un brevísimo pantallazo del clima político electoral uruguayo. Todos los elementos de circo están en él presentes. Dimes y diretes, acusaciones o afirmaciones sin fundamento alguno. Los payasos en vez de tirarse con tortas de crema, recurren al primer montón de barro y con él combaten ante el regocijo del público.

La robusta burocracia política frentista quiere un segundo mandato, porque ha hecho “un buen gobierno”. Del “cambio” que prometieron ni se habla, aquel cambio que iba a mover “hasta las raíces de los árboles”. Prometen en su lugar “una profundización” eventual de lo que fue simplemente una gestión administrativa relativamente honrada del capitalismo dependiente uruguayo, esa formación social ante la cual se posternan y solo están dispuestos a “mejorar”. Entre las mejoras se consigna la mano dura contra la criminalidad que en Uruguay crece marcadamente porque la gente sin trabajo, sin movilización colectiva que analize sus problemas, ve aumentar las filas de los “desesperados” que salen “a ganar” todos los días a las calles a costa de los pacíficos vecinos que poseen algo más que ellos.

El electorado “del centro”, las clases medias que han visto entre los profesionales aumentar sus impuestos, y entre los poseedores de vivienda sus impuestos municipales sin que mejore la gestión comunal, claman por una “seguridad” ciudadana que es tanto más necesaria en tanto y cuanto son ellos los castigados por la desesperación reinante.

En Uruguay, el progresismo Frentista, ha resultado ser incapaz de orientar cambios que prometió, dilapidó las mayorías parlamentarias de que disponía, enfrentó toda iniciativa popular como el Plesbicito, para terminar rindiéndose ante los resultados y los mismos jerarcas gubernamentales que antes –cuando la recolección de firmas- alentaban a sus parcialidades a no firmar, al otro día del triunfo popular, salen a manifestar una “alegría” por el resultado que no sintieron al comienzo de la campaña. Políticos frentistas con responsabilidad gubernamental, demuestran su rápida transformación en los cínicos políticos que antes -como oposición- criticaban en los políticos profesionales burgueses. En resumen: nuestros “progresistas” han demostrado ser un reverendo fiasco.

Es dentro de este marco de desencanto popular que los políticos de las diferentes fracciones frentistas ven con inquietud las elecciones. Para muchos de ellos el desencanto se ha de traducir en pérdida de votos y con ellos los cargos parlamentarios. Y la cuestión puede ser peor si además de la baja votación, hay balotage, porque en ese caso pueden perderse las elecciones nacionales ante una coalición de los viejos partidos burgueses.

Pero en tanto el veredicto popular no llega, irresponsablemente como hasta ahora las jerarquías frentistas siguen en sus combinaciones internas: que si gana Ajica, le debe dar la conducción económica a Mustori, para que sigamos haciendo lo mismo que se hizo durante la presidencia de Tabaré Vazquez.

El espectáculo de esta bancarrota a ojos vistas necesita más que nunca ser señalado. El Frente no gobernó bien, sus políticos principales no hicieron buena gestión. Y todo lo han agravado con las peleas internas por posiciones y ambiciones personales. Ellos y no las bases han desencadenado desde las pujas presidenciales previas a la campaña reelecionista del presidente que no tenía ninguna posibilidad de imponerse. Ellos han demostrado una incapacidad de conducción, una miopía arrogante, una intolerancia a toda crítica que sacrificó a hombres honrados, leales, cabales, como Sarthou, Chifflet, Licandro.

No hay que callar estas cuestiones graves, con el argumento de la “unidad”. Porque la “unidad” no puede servir de hoja de parra que cubra los errores cometidos ni los hombres concretos que cometieron los errores.

Hacerlo es alentarlos a repetirlos, salvado el trance, con la misma liviandad con que antes -sin reflexión- cometieron. Los políticos frentistas deben tomar responsabilidad de sus múltiples carencias, particularmente las esferas más altas de las jerarquías en los grupos. Los denominados “cabeza de lista”.

Y es necesario reivindicar desde la prensa independiente el derecho de la sociedad civil a no ser conducida a nuevas frustaciones bajo la palabra “unidad” que en boca de ciertos voceros no tiene ningún sentido.

Unidad debían haber manifestado los dirigentes antes de sus desvaríos candidaturiales. Unidad debían haber manifestado esos mismos dirigentes para limar en diálogo constructivo las diferencias de visiones que los enfrentaban.

Unidad debían haber mostrado ante el electorado aceptando el diálogo con la ciudadanía y los diferentes sectores de la sociedad uruguaya que rehuyeron.

El electorado uruguayo no tiene “obligaciones” antes sus sirvientes públicos elevados al rango de elegidos.

Son los “elegidos” los que tienen obligaciones. En primer lugar para aspirar a renovar su mandato.

La politiquería uruguaya, esta triste comedia electoralista, democrática, va agotando sus márgenes de manipulación de la ciudadanía.

No viene ningún malón, no viene ninguna catástrofe, el bi-partidismo tradicional esta roto, quebrado definitivamente por dos factores: la mala gestión de los políticos profesionales burgueses por un lado, y por otro el aumento de la conciencia popular. Ese aumento de la conciencia que es aspecto positivo, dinámico, se ha erosionado durante la gestión de la “progresía” frentista. Erosionado no es destruido, pero mucho daño se ha hecho. Haciendo circo electoral tradicional y vendiendo catástrofes para asustar el electorado es el peor camino para recuperar la conciencia popular, introduce la irracionalidad como criterio y eso sirve a los que son y han sido enemigos de la democracia. Los que la han aceptado a regañadientes a la caída de la tiranía militar, los que temen que florezca en el rumbo de la democracia social, los que, fundamentalmente, defienden sus privilegios y quieren que todo siga como estaba.

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